¡No necesito un Psicólogo!... ¿o sí?

¡NO NECESITO UN PSICÓLOGO!... ¿O SÍ?
Psic. José Manuel Sánchez Durón
Depsic Psicología y Alto Rendimiento S.C.


      Hace unos días salí a tomar un café con una amiga en conocido lugar del centro de la ciudad. Mi amiga llegó acompañada por una compañera de su trabajo y al presentarnos le dijo que yo me dedicaba a la Psicología. La compañera de mi amiga se interesó en este tema y entonces me preguntó: “¿cuándo necesita una persona buscar a un psicólogo?”.

       En varias ocasiones he escuchado esta pregunta y hasta puedo decir que ya estoy “acostumbrado” a responderla. De hecho, hasta he aprendido a reconocer ciertas señales faciales y corporales que demuestran muchas de las personas que me hacen la pregunta. En la mayoría de los casos (hablo de mi experiencia personal) las personas parecen informarme que, aunque no saben con certeza qué hace un psicólogo o cuándo es recomendable buscarlo, aún así intuyen que lo necesitan. Esto no me extraña. Las personas experimentamos necesidades, enfrentamos problemas y pasamos por situaciones difíciles en nuestras vidas. Y cuando tenemos por lo menos un poco de información respecto a algún profesional que brinde ayuda, aunque no conozcamos los detalles de lo que hace, consideramos seriamente la posibilidad de que pueda ayudarnos a sentirnos mejor. 

      Así que le respondí a mi nueva amiga que pueden existir varias razones para decidir acudir con nosotros los psicólogos. Entre éstas se encuentran las de sentir que algo no camina bien en nuestra vida o que hemos “perdido el rumbo”, como cuando no nos parece claro qué decisiones debemos de tomar o cuando ni siquiera tenemos claro lo que queremos hacer o buscar en nuestra vida. Si tomamos en cuenta que la vida nos va enfrentando a tantas y tan diversas circunstancias entonces tiene sentido suponer que nuestra estabilidad podría verse comprometida en más de una ocasión. Y esto no es necesariamente algo malo, sino normal.  En todo caso, cuando esto ocurra viene bien el contar con algún profesional que nos brinde orientación y guía. 

 
  Otra situación que a mi juicio justifica la decisión de buscar ayuda psicológica es la de experimentar algún problema o malestar más específico, alguna situación que perjudica a la persona y que interfiere en su vida cotidiana. Así, podemos mencionar como ejemplos los síntomas relacionados al estado de ánimo (depresión, irritabilidad, ira, temores, culpas, etc.), problemas en las relaciones interpersonales (fobia social, introversión, timidez, problemas de pareja, etc.), desarrollo de hábitos que repercuten en la salud (tabaquismo, alcoholismo, fármaco dependencia, etc.), alteración del autoconcepto (menosprecio hacia sí mismo, descalificación ó exaltación de las cualidades personales), disminución en la capacidad para rendir adecuadamente en algún ámbito de la vida (laboral, sexual, deportivo, etc.). En fin, situaciones diversas que nos impiden sentirnos plenos y satisfechos. 

     Finalmente, diré que existe un tercer criterio para solicitar los servicios de un psicólogo. Como usted podrá notarlo, en los ejemplos de situaciones que ya he comentado me he referido a casos en lo que una persona puede no sentirse cómoda, situaciones de malestar e inconformidad. Sin embargo, los beneficios de recurrir al asesoramiento psicológico no se limitan a dichas situaciones. También puede ocurrir que una persona se encuentre estable y aun así busque sentirse mejor. Pensemos en los casos de un individuo que quiere conocerse a sí mismo a mayor profundidad, o de quien quiere seguir desarrollando sus habilidades laborales o sociales, o de quien busca explorar nuevas posibilidades amorosas con su pareja, etc. Los ejemplos abundan. En todos estos casos la Psicología también tiene amplia cabida. La Psicología es una ciencia que se interesa por estudiar, analizar, comprender y predecir el comportamiento, entendiendo por este último todo el conjunto de acciones que realiza una persona en los diferentes ámbitos en los que se desenvuelve. A los psicólogos nos interesa entender cómo y por qué se comporta la gente de la manera en que lo hace. Y nuestros conocimientos nos permiten desarrollar diferentes estrategias para ofrecer a la gente que nos busca. Pero en ningún lugar está escrito que debamos preocuparnos solamente por lo casos en los que sea necesario corregir, modificar, curar o inhibir lo que “no funciona bien” en el comportamiento de una persona. También nos interesa hacer algo para fortalecer, estimular, incrementar “lo que ya funciona”. 

      Así que al psicólogo puedes acudir ya sea porque consideres que te caería bien un poco de ayuda para solventar una situación que te ha desestabilizado o bien para fomentar el bienestar que ya experimentas. En ambos casos un psicólogo tendrá algo que aportar a tu desarrollo personal. 


    Afortunadamente la sociedad conoce un poco más de nosotros los psicólogos de lo que conocía hace algunos años. Pero desafortunadamente aún existe mucha ignorancia al respecto. Pero creo que hemos ganado un terreno importante gracias a que las personas que nos han visitado han logrado eliminar sus propios tabúes y han comenzado a hacernos de buena fama. Si aún no has tenido la oportunidad de visitarnos, reflexiona un poco en lo que te he dicho aquí y plantéate la posibilidad de hacerlo. Lo único que te recomiendo es que si decides acercarte con algún psicólogo lo hagas con alguien que en verdad posea un título universitario expedido por una Universidad reconocida del país. 

      Tengo que reconocer que en la actualidad nuestra profesión se ha visto seriamente dañada por instituciones que sin poseer un reconocimiento ni validez oficial ofertan estudios para aspirantes interesados en cursar una carrera profesional. La realidad es que la calidad de los estudios en tales “escuelas” es deficiente, mediocre y poco regulada. Afortunadamente todos podemos reconocer cuáles universidades de nuestras ciudades cuentan con la tradición y seriedad en las que podemos confiar nuestra salud. 

    También debemos estar alertas para los casos de gente que cree que por tener un curso de Psicología ya está capacitada para brindar servicios psicológicos. Conozco casos de ingenieros, médicos, profesionistas de las áreas económicas o humanistas que toman cursos de psicoterapia y luego se promocionan como profesionales de un área que no dominan. Esto me parece peligroso. El conocimiento psicológico no se adquiere en un curso sino que amerita toda una carrera y sobretodo una curiosidad permanente por seguir aprendiendo. El conocimiento psicológico no se refiere a aprender una o dos técnicas para atacar un padecimiento. Esto es una caricatura. El conocimiento psicológico se refiere a escudriñar en los complejos procesos que determinan las reacciones un individuo, y esto no es nada sencillo que se logre captar en un curso de psicoterapia, coaching, PNL, counseling, etc. Tu bienestar psicológico es algo tan relevante para tu vida que requiere ser atendido solamente por quien cuente con la preparación adecuada.   

¿Deseas una consulta psicológica o sabes de quien pueda necesitarla? Estamos a tus órdenes.


YA NADA VOLVERÁ A SER IGUAL

YA NADA VOLVERÁ A SER IGUAL
Psic. José Manuel Sánchez Durón
Depsic Psicología y Alto Rendimiento S.C.



                 En el año 2014 el cineasta Gary Shoe estrenó en cartelera la película “Drácula la leyenda jamás contada”, una versión más del hombre vampiro que ha atrapado por décadas el interés de los amantes del cine. En esta versión, el príncipe de Rumanía “Vlad Tepes” va en búsqueda de un extraño y poderoso ser que vive en una cueva tenebrosa para solicitarle ayuda. El motivo es que el sultán de un imperio vecino le ha ordenado al príncipe Vlad que le entregue 5000 niños de su pueblo o de lo contrario amenaza con destruirlo. El extraño ser de la cueva acepta ayudar al príncipe y le propone un trato: le otorgará poderes sobrenaturales  pero le advierte que si en las próximas 72 horas bebe sangre humana entonces será aún más poderoso pero se convertirá en una criatura de la noche (Drácula) para la eternidad. El príncipe decide aceptar el trato pues confía en que logrará resistir cualquier “tentación” de beber sangre por lo que salvará a su pueblo y él volverá a ser el hombre normal que siempre ha sido. Una vez cerrado el trato, el príncipe adquiere los poderes que le prometió el extraño ser y logra hacer frente al ejército del imperio enemigo. Sin embargo ocurre algo inesperado. Los soldados enemigos matan a la esposa del príncipe y éste, en un arranque de ira y locura, decide beber sangre para vengar la muerte de su amada aún a sabiendas de que para él ya nada volverá a ser igual que antes…
                Este breve relato nos ejemplifica algo que, en lo personal, me parece muy interesante: hay acontecimientos que “cambian” a la gente. Cuando digo “cambian” me refiero a que algunos eventos que vivimos nos impactan de tal manera que parece que modifican algo en nosotros, ya sea un sentimiento, o una manera de ver las cosas, o una actitud, etc. Creo que todos(as) nosotros(as) hemos vivido situaciones que nos “marcan” de tal manera que afirmamos que desde ese día algo pasó y que somos un poco diferentes a lo que éramos antes de tal vivencia. Y creo que podemos contar cientos de anécdotas de este tipo. Por ejemplo cuando una persona da su primer beso, o cuando sobrevive a un accidente automovilístico, o cuando ve nacer a su primer hijo o cuando pierde a un ser querido, o cuando descubre algo maravilloso, etc. Cuando una persona vive esta clase de experiencias recibe un impacto emocional tan fuerte que siente que “algo cambió” aunque no sea capaz de decir con claridad qué fue ese “algo”.
                Por supuesto que la magnitud del impacto que vivimos ante cada situación es diferente. Algunas experiencias nos “cambian” más que otras, dependiendo del significado del acontecimiento, del nivel de madurez en el que nos encontremos, de lo repentino o esperado del evento ocurrido, de si estuvimos solos(as) ante la situación o bajo el cobijo de alguien más, etc. Pero lo que quiero enfatizar es que, independientemente de todo lo anterior, es un hecho innegable que ciertos acontecimientos modifican en buena medida algunos aspectos de nuestra forma de pensar y de sentir.
 
                 En mi experiencia dentro del apasionante campo de la psicología me he dado cuenta de que hablar del tema de los “cambios en la vida” genera diferentes reacciones en las personas. Hay quienes ven los cambios con “buenos ojos” y hay quienes temen al cambio. Estas diferentes actitudes ante los cambios (de aceptación o de rechazo) obedecen a diferentes circunstancias. En general, aceptamos el cambio cuando nos encontramos en una situación desagradable o de estancamiento y creemos que un cambio nos llevará a una mejor posición. Por ejemplo cuando nos proponemos “vencer nuestra timidez” y empezar a comportarnos como personas más seguras de nosotros(as) mismos(as). Por el contrario, tememos a un cambio que se avecina cuando sospechamos que traerá consigo consecuencias desastrosas o cuando simplemente no sabemos lo que pueda ocurrir después. Por ejemplo cuando no nos atrevemos a terminar esa relación de pareja en la que, aunque nos sentimos estancados(as) e insatisfechos(as), creemos que resultaría mucho peor quedar solos(as) porque quedaríamos solos(as) e indefensos(as) ante el mundo.
                 Considero que ambas posturas que acabo de mencionar están justificadas ya que tanto quien busca el cambio como quien lo evade lo hacen porque en su experiencia personal han experimentado cambios benéficos (en el primer caso) ó cambios perjudiciales (en el segundo caso). Creo que nuestra actitud al cambio refleja de alguna manera la experiencia que hemos tenido con los cambios que hemos experimentado en el pasado. Y puesto que cada uno(a) de nosotros ha tenido una historia de vida diferente por consiguiente es normal que nuestras actitudes ante los cambios de la vida también sean diferentes. Pero, independientemente de nuestra historia personal, lo que es innegable es que los cambios son inevitables. En buena medida, la vida es cambio constante. A medida que crecemos y nos desarrollamos vamos adquiriendo nuevas experiencias que van modificando nuestra manera de reaccionar ante el mundo. Y no dejamos de aprender con el paso de los años. Cada aprendizaje representa un cambio que ha ocurrido en ti.
                  Desde este punto de vista, resulta muy enriquecedor analizarnos después de que hemos tenido una competencia deportiva importante. Pongamos por caso la Universiada Nacional 2016, el evento deportivo a nivel de educación superior más importante de nuestro país. Tuve la magnífica oportunidad de acompañar el proceso de preparación de estupendos(as) deportistas y entrenadores(as) así como de acompañarles los días de sus actuaciones. Cuando ya quedan atrás las horas de sacrificio y esfuerzo, las lesiones inesperadas, los llantos y las alegrías, las frustraciones y las satisfacciones, sólo nos queda darnos un momento para analizar lo que hicimos. Ninguna planificación deportiva termina cuando ya se ha competido sino que debe incluir también un adecuado y objetivo análisis y evaluación de lo ocurrido. Y este análisis abarca también el tema psicológico. ¿Cómo se hace una evaluación de nuestro desempeño a nivel psicológico?
                  Yo te propongo dos pautas. En primer lugar evalúa tu desempeño a partir de lo que recuerdas haber hecho y de los videos que tengas de tu actuación. Aquí te ofrezco algunas preguntas que pueden ser una buena guía de análisis:
1.- ¿Consideras que durante tu etapa de preparación mostraste un adecuado compromiso a tus entrenamientos?
2.- ¿Fuiste capaz de anticipar posibles dificultades que podrían surgir durante la competencia?
3.- ¿Cómo calificas tu entrega, auto confianza y determinación que mostraste al competir?
4.- ¿Qué es lo más valioso que demostraste al competir?
5.- ¿Qué consideras que debes de mejorar o corregir en tus actitudes al competir?
6.- ¿Cómo reaccionaste ante tus errores o ante los aciertos de tu rival?
7.- ¿Cómo enfrentaste – y manejaste- tu nerviosismo?
8.- ¿Lograste “desconectarte” de cualquier distracción externa para concentrarte en tu competencia?
9.- ¿Te sentías lo suficientemente motivado(a) para competir?
    
                    Sin lugar a dudas que un buen y honesto análisis de las preguntas anteriores te dará algunas pistas para que tengas una evaluación más completa de tu actuación en lugar de solo quedarte con una idea superficial de si tu desempeño fue “bueno” o “malo”.
                    En segundo lugar te propongo un análisis aún más interesante, creo yo. Ahora, en lugar de analizar “a detalle” lo que hiciste o dejaste de hacer,  contempla toda la experiencia que adquiriste en su conjunto.   Piensa “qué te deja” esta nueva experiencia en tu vida y qué aprendiste. No importa si ya has participado en otras universiadas, cada una es diferente ya que llegas en momentos diferentes de tu vida.  No importa si lograste subir al podio o no. En este segundo análisis no importa el resultado sino lo que esta experiencia ha modificado en tu persona. Independientemente de los resultados, cuando nos entregamos plenamente a dar un máximo esfuerzo logramos descubrir aspectos de nosotros(as) mismos que no conocíamos, como por ejemplo  nuestra capacidad para aferrarnos e ir al frente, o de levantarnos de un error, o de combatir con el dolor de una lesión a cuestas, o de “no perder la cabeza” en los momentos difíciles, o de comportarnos como grandes compañeros de equipo apoyando a los(las) compañeros(as), o de lograr manejar al rival, o de controlar y vencer nuestros miedos y dudas, o de confiar en nosotros(as) mismos(as) a pesar de que no contábamos con el apoyo de alguien más, etc. Entonces, ¿qué descubriste de ti?

                   Sin temor a equivocarme te digo, amigo(a) deportista y entrenador(a), que ahora eres otra persona de la que eras antes de este evento. Las grandes experiencias no nos dejan seguir siendo los(las) mismos(as). Ahora nos conocemos mejor. Ahora nos comprendemos mejor. Y así como el príncipe Vlad sabía que una vez que bebiera sangre ya no volvería a ser el de antes, así tampoco tú podrás serlo. Si en esta Universiada venciste un temor, un miedo, una duda o un mal hábito (por muy pequeño que sea) ese temor, miedo, duda o mal hábito ya no forma parte de ti. Si en esta Universiada descubriste una virtud en ti (de esfuerzo, coraje, entrega, pasión, etc.) esa virtud ya forma parte de lo que eres. Como quiera que sea, ahora eres una persona renovada. Enfrenta el reto de cambiar para bien y acepta los cambios que son inevitables. Después de todo, a partir de lo que ya viviste y aprendiste, ya nada volverá a ser igual…  
 
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¿Iguales o diferentes?

¿IGUALES O DIFERENTES?
PREPARANDO EL CAMINO PARA LA UNIVERSIADA 2016
Psic. José Manuel Sánchez Durón


Tal vez hayas escuchado alguna vez el conocido cuento de “El Patito Feo”. Brevemente, este cuento trata sobre la historia de una familia de patos blancos con los  que se cría un ganso negro. Por su diferente color, el gansito negro (el “patito feo”) no era aceptado por el resto de patitos blancos y esta situación le generaba tristeza y desesperación. Después de todo, ¿a quién le gusta sufrir discriminación?

 A los seres humanos nos ocurre algo parecido a lo que le pasaba al patito feo (aunque ya dijimos que en realidad era un gansito). Cuando somos pequeños buscamos sentirnos aceptados por los que nos rodean, ya sean familiares, vecinos, amigos, maestros, etc. Nos gusta que nos tomen en cuenta, que podamos participar en las actividades que hacen todos, que se nos reconozca, etc. De alguna manera, cuando somos pequeños nos interesa mucho ser “uno más del grupo”, pues esto nos genera un sentimiento de pertenencia e identidad. Por esta razón diré que no nos conviene ser diferentes, pues lo que es diferente suele ser rechazado, evitado o ignorado. En el mundo de los niños, así como en el de los patitos, el ser igual a los demás es una auténtica “bendición”…

Pero resulta que con el paso del tiempo nos damos cuenta de que el ser igual a los demás no siempre es un beneficio. El mundo del deporte competitivo es un buen ejemplo de lo que acabo de decir. Cuando competimos en un deporte no solamente no nos conviene ser iguales a los demás competidores sino que además nos puede resultar perjudicial. LA COMPETENCIA DEPORTIVA ES UN JUEGO EN EL QUE SOLO SE PREMIA AL QUE ES DIFERENTE. Ser diferente significa tener la preparación suficiente para desarrollar cualidades superiores a las de los demás, y tener la capacidad de demostrar esta superioridad en la confrontación con el rival.

Desde este punto de vista te planteo una pregunta, ¿te consideras igual o diferente a tus rivales? Si te consideras igual que tus rivales tendrás un pronóstico nada prometedor para tu próxima competencia. Pero si te consideras diferente entonces todo cambia. Si te consideras diferente entonces el panorama tiene un matiz positivo. Así que te sugiero que comiences por creer que ERES DIFERENTE.

Por supuesto que no basta con creer que somos diferentes sino que será necesario demostrarlo. Así que pensemos qué es lo que puedes hacer para demostrarlo en tu competencia que se aproxima. Pon atención a lo que te voy a decir. Cuando ya nos quedan pocos días para que comience la competencia es un hecho que las cualidades físicas, técnicas y tácticas de los deportistas (las tuyas y las de tus rivales) ya no van a mejorar. Tú y ellos se han preparado muy bien en estos tres aspectos (lo físico, lo técnico y lo táctico) y cada quien ha alcanzado su nivel en el que ahora se encuentra. Pero si tomamos en cuenta que hoy en día los programas de entrenamiento son muy similares a nivel nacional (incluso mundial), entonces es de suponer que tu nivel físico, técnico y táctico sea muy similar al de tus próximos rivales. Entonces, ¿qué es lo que marcará la diferencia?

Desde mi punto de vista, la diferencia será marcada en buena medida por el estado psicológico en el que cada deportista llegue a enfrentar su competencia. Tu “estado psicológico” es el conjunto de emociones, pensamientos, sensaciones, intuiciones y creencias que experimentas en estos días. Así, el estado psicológico marcará la diferencia porque cada atleta llega en un momento muy diferente de su vida. Algunos llegan con mil problemas y preocupaciones, otros con temores, otros con una confianza “por los suelos”, otros con poca motivación, otros molestos con sus propios compañeros de equipo, etc. Es obvio que nadie compite al 100 % si trae todo este tipo de cosas en la cabeza.

Por esta razón, te aconsejo que vigiles tu estado psicológico en estos días previos, pues si logras un buen manejo y autocontrol entonces llegarás mucho mejor (psicológicamente) que varios de tus rivales, y eso te colocará en clara ventaja, aún si tu rival en turno te supera ligeramente en sus cualidades físicas, técnicas y tácticas.

Aquí te comparto algunas sencillas sugerencias para tu monitoreo psicológico:

1.- Asegúrate de que tienes claros motivos para competir. ¿Por qué vas a competir?, ¿para qué? Un ser humano motivado es un ser humano fuerte y que no va a rendirse fácilmente.

2.- Encuentra uno de tus motivos en tu orgullo personal. Aunque para motivarse es bueno pensar en la gente que nos quiere (por ejemplo nuestra familia), también es importante competir por uno mismo, por el orgullo de demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces. Aquél deportista que se demuestra a sí mismo que es capaz de dar su máximo esfuerzo  y de pelear hasta lo último es al mismo tiempo una persona que el día de mañana será capaz de enfrentar de manera eficiente muchos de los retos de su vida.

3.- No te preocupes si te sientes estresado o ansioso. Es normal que el estrés y la ansiedad se incrementen cuando viene la competencia. Ni los atletas Olímpicos son inmunes a esto. El estrés y la ansiedad son necesarios para competir pues nos permiten estar alertas todo el tiempo. De lo contrario llegaríamos a competir demasiado relajados.

4.- Por supuesto que es conveniente controlar un poco la ansiedad, por lo menos para que no se nos espante el sueño y podamos descansar las noches previas a la competencia. Te sugiero que cuando te vayas a la cama te desconectes completamente de tu competencia, no pienses en ese tema y enfócate en imágenes relajantes.

5.- El día antes de tu competencia es un día clave. Ese día intenta no “volverte loco”. Conserva la tranquilidad. Tal vez acostumbres hacer algún tipo de estiramiento o trote y eso está bien. Pero te sugiero que ese día ya por la tarde busques una actividad de esparcimiento y diversión. No tengas miedo de “desconectarte” de la competencia, al contrario, es mejor ya que lograrás bajar la ansiedad y mejorar tu estado de ánimo. No te agobies pensando en cada detalle de lo que puede ocurrir. Estoy seguro que sobre eso ya habrás pensado mucho en los días previos. Mejor vete a la cama un poco más relajado. Ya estando en la cama repítete palabras de aliento,  de que todo está bien. Pero no imagines la competencia porque eso te puede generar ansiedad y no podrías descansar lo suficiente. Lo más importante para la noche previa es DESCANSAR y no ANALIZAR lo que pueda ocurrir.

Nunca podrás tener la certeza de cómo te va a ir en una competencia. Los resultados siempre son inciertos. Pero creo que de algo sí podemos tener certeza: si prestamos atención a lo que nos puede hacer diferentes, entonces podremos llegar al día de nuestra competencia con mejores probabilidades de éxito. No temas ser diferente. Por el contrario, atrévete a serlo. Aunque yo no tengo nada en contra de los patitos blancos, creo que quien busca ser un pato blanco toda su vida corre el riesgo de conformarse con ser “uno más del montón”. Y, por lo menos en la historia del deporte,  hemos visto como se van quedando en el olvido un montón de patos blancos...

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“LOS ÁRBOLES NO ME DEJAN VER EL BOSQUE”
Psic. José Manuel Sánchez Durón
DEPSIC PSICOLOGIA Y ALTO RENDIMIENTO S.C.

Cierto día fueron de paseo un padre de familia y su hijo de 5 años. El padre le había prometido al chico llevarlo a conocer un hermoso bosque que se conservaba a unos kilómetros de la ciudad. Al llegar ahí, el padre le mostró al pequeño todo lo hermoso que la naturaleza puede depositar en esta clase de paraísos, como su flora, fauna, sonidos de los riachuelos y el fresco clima de tal microentorno. Cuando regresaban a casa  el padre orgulloso de haber compartido con su hijo una experiencia tan hermosa le preguntó a éste qué le había parecido el viaje. El chico lo pensó un momento y respondió: “El paseo fue muy bonito, pero lástima que no pude ver el bosque por  tantos árboles que había…”

Algunas veces los chicos cometen esta clase de “errores de percepción”, no se dan cuenta que todo lo que perciben ante sus ojos forma parte de algo más grande, y que al mismo tiempo aquélla entidad mayor se expresa en cada uno de sus componentes. Y creo que algo similar ocurre con mucha gente del deporte que aún no parece darse cuenta del papel fundamental que juegan los mecanismos psicológicos en todo entorno deportivo, y en consecuencia guardan un distanciamiento de la disciplina que podría brindarles un gran apoyo en tales temas como lo es la Psicología del deporte.

Hago esta reflexión en el contexto específico de una actividad académica que realizo actualmente con la carrera de Cultura Física en la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Tal actividad se refiere a la impartición de la materia de “Psicología del Deporte” programada para cursarse en el cuarto semestre de esta carrera. Y habiendo yo tenido la oportunidad de elaborar el primer programa de esta materia cuando se conformó esta licenciatura en la Universidad a la que aludo, me resulta sumamente interesante abordar la cuestión de la importancia de los contenidos psicológicos para la currícula de futuros profesionales de la cultura física.

Debo decir que mi experiencia profesional de más de 15 años en diferentes niveles del deporte en México me ha permitido corroborar que en pleno año 2016 aún carecen de una formación sólida y consistente sobre temas psicológicos una gran mayoría de deportistas, entrenadores, médicos, cronistas y dirigentes deportivos  lo cual nos coloca en una situación algunas veces favorable -pero otras adversa- a los profesionales de la psicología que hemos abrazado al deporte como nuetsra principal área de interés.

¿Por qué mucha gente del deporte “guarda aún su distancia” de la psicología? Por desconocimiento. En el mejor de los casos, la gente posee una “ligera” idea de lo que es la Psicología, pero este conocimiento poco fundamentado les lleva a creer que la Psicología es una clase de tratamiento para gente con problemas (da igual si les llaman neuróticos, locos, desadaptados, etc.). Y en el peor de los casos ni siquiera se posee conocimiento alguno. Esto suena sorprendente dado que la ciencia psicológica tiene varios años de establecida, desde que surgieron los primeros estudios científicos para abordar temas como el comportamiento humano, la mente, la conciencia, las emociones, etc.  Y ciertamente todo esto comenzó a ocurrir hace ya varias décadas atrás.

Ciertamente la psicología aplicada al deporte es más reciente aunque ya también con sus años de desarrollo. Y aún así mucha gente la conoce poco. Pero es un hecho establecido en la actualidad que la Psicología forma parte de un conjunto de ciencias conocidas como las "ciencias del deporte" y que su estatus es de primera importancia. La regla general que debemos de tener en claro es la de que lo que permite conducirse a cualquier deportista es ante todo un conjunto de mecanismos psicológicos complejos entre los que interviene su estado consciente, su planeación de las acciones, sus temores e inseguridades, su “interpretación” de los movimientos del rival, su determinación para competir, sus hábitos de pensamiento, su estado anímico, etc. Sin esta clase de mecanismos operando en todo momento ninguna persona puede actuar, reaccionar. Podría sobrevivir en estado vegetativo pero no  actuar ni mucho menos hacer deporte. Luego entonces, diremos de manera tajante que el funcionamiento de mecanismos psicológicos es una condición necesaria -e indispensable- para que cualquier individuo practique algún deporte. Y puesto que la Psicología es la ciencia que estudia precisamente tales mecanismos, su importancia es obvia.


Creo que será de gran utilidad –como lo he hecho a lo largo de varios años en diferentes estados del país- continuar difundiendo los conocimientos generados por los estudios psicológicos para que la comunidad deportiva logre sensibilizarse de manera gradual a su importancia. Como ya lo dije, algunos deportistas y entrenadores parecen tener aunque sea una vaga idea al respecto mientras que otros demuestran una clara confusión en lo que piensan sobre temas psicológicos. Por ejemplo algunos entrenadores están convencidos de que no ocupan el apoyo psicológico de un experto ya que para ellos lo importante es convencer a sus deportistas para que se comprometan y que a partir de ello “den su máximo”  al competir. ¡Vaya confusión! Estos entrenadores no son capaces de comprender que el compromiso y la disposición para “dar su máximo” son precisamente efectos psicológicos, derivados de los mecanismos a los que me he referido antes. Mientras que los entrenadores  (y los licenciados en Cultura Física) no sean capaces de comprender que “lo psicológico” es un conjunto de procesos que conjugan una serie de mecanismos tales como la motivación, autoconfianza, ansiedad, atención, cooperación, agresividad,  etc., seguirán lamentándose por no poder ver el bosque a causa de los árboles que obstaculizan su vista.    

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¿Cómo vive el fin de año un atleta de Alto Rendimiento?

¿CÓMO VIVE EL FIN DE AÑO UN ATLETA DE ALTO RENDIMIENTO?
Psic. José Manuel Sánchez Durón
DEPSIC PSICOLOGÍA Y ALTO RENDIMIENTO S.C.
 

Una manera interesante de entender el curso de la vida es concibiéndola como una serie de ciclos. En general, podemos decir que un ciclo es un proceso que tiene un inicio, un curso y un fin durante un cierto lapso de tiempo. Pero además, lo que define a un ciclo es el hecho de que se trata de algo repetitivo. Los ciclos son procesos que inician y terminan, y que inician de nuevo y así sucesivamente. Un día sigue a la noche, y otro día viene después. Cada fin de ciclo marca el inicio de uno nuevo.

Nuestra vida es un gran ciclo que también tiene su inicio, su curso y su fin. Llegamos cuando otros se fueron y otros vendrán cuando nos hayamos marchado. Pero este gran ciclo de la vida se compone a su vez de otros ciclos más breves pues vamos pasando por una serie de acontecimientos que se repiten como lo son nuestras etapas de vida escolar, laboral, relaciones de pareja, enfermedades, etc. En cada uno de estos casos, vivimos algo durante un cierto tiempo, luego lo abandonamos y regresamos nuevamente. Terminamos un año escolar pero comenzamos otro después; dejamos un trabajo y tomamos otro; terminamos una relación de pareja y otra comienza. Algo se cierra e inmediatamente algo se abre. Nuestra existencia está marcada por esta dualidad de emociones que los ciclos generan: después del luto guardado por lo que se fue nos viene la esperanza de lo que vendrá…
Por supuesto, el hecho de que muchos ciclos ocurran de manera secuencial (esto es, uno después de otro) no elimina la posibilidad de que algunos puedan “empalmarse” unos con otros. Cuando digo “empalmarse”  me refiero a que podemos estar terminando un ciclo en una esfera de nuestra vida mientras estamos cursando al mismo tiempo la parte medular de otro ciclo en otra de nuestras esferas. Es lo que pasa cuando, por ejemplo, terminamos una relación de pareja (se cierra un ciclo) cuando nos encontramos en el mejor momento de nuestro ciclo laboral en la institución con la que colaboramos (la parte medular de otro ciclo). Cada faceta de nuestra vida lleva su propio ritmo (sus propios ciclos) y las diferentes facetas pueden “no ir de la mano”. Esta característica de la vida le otorga un sentido a veces contradictorio, pues nos topamos con que en un mismo momento vivimos la tristeza por un ciclo que se cierra (por ejemplo la terminación de una relación de pareja) y la alegría por caminar eficientemente en otro (por ejemplo al estar en el mejor momento de la vida laboral). ¡Vaya situaciones tan interesantes ante las que nos exponen las circunstancias!

Voy a poner otro ejemplo de esta clase de “empalmes de ciclos”. Cada uno de nosotros llega a un fin de año bajo diferentes circunstancias, a veces alegres o a veces tristes, a veces en plenitud o a veces en condiciones mermadas, a veces con la esperanza por lo que se viene o a veces con la incertidumbre por lo que nos depare el destino. Cada quien llega a su manera dependiendo de cómo vayan las cosas en la vida. Pero de alguna manera un fin de año nos representa a todos el fin de un ciclo. Y como todo ciclo que termina se viene luego uno más: “¡año nuevo vida nueva!”, reza el dicho, como queriendo decir que un “nuevo ciclo” está por comenzar.

En mi opinión, un cierre de ciclo como el que representa cada fin de año es buena oportunidad para sacar algunas conclusiones sobre lo vivido en los 12 meses anteriores. Alguna reflexión por mínima que sea puede resultar de gran provecho si logramos “rescatar” algunas ideas que nos permitan un nuevo conocimiento. Por ejemplo, reflexionar sobre los obstáculos que enfrentamos durante el año y de qué manera los hemos ido sorteando. O sobre los logros que cosechamos y la manera en la que los fuimos sembrando. De todo lo anterior podemos obtener un “alimento” sustancioso para refrescar la imagen que tenemos de nosotros(as) mismos(as), y de esa manera comenzar el nuevo año con gran ánimo y disposición para salir adelante. Definitivamente, no es lo mismo comenzar un nuevo año convencidos de que hemos venido haciendo las cosas muy bien que creer que hemos venido cometiendo “una barbaridad tras otra…”

No obstante (aquí viene lo interesante), como ya lo dije antes, los ciclos de otras facetas de nuestra vida siguen su propio curso. El hecho de que el ciclo anual esté por concluir no representa un fin de ciclo global, en todas las facetas de la vida. Tal es el caso de los atletas de alto rendimiento (AAR). Un AAR es un individuo que vive de -y para- su deporte, una persona con una capacidad superior a la del resto para entregarse a una disciplina de trabajo psico-corporal con el objetivo de ajustarse a los mayores estándares de excelencia atlética. Y sus ciclos de entrenamiento no se sujetan necesariamente a los ciclos anuales. Regularmente, una pretemporada o un periodo de preparación física general ya han comenzado cuando se viene un fin de año.  Por lo tanto, por lo menos para un AAR, la reflexión sobre lo que “ha dejado” el año que termina ha de desarrollarse bajo el marco de un arduo trabajo que no puede darse el lujo de parar.

Por supuesto que lo anterior no representa ninguna tragedia, más allá de que nuestro AAR que tenemos en casa no pueda entregarse de manera relajada al sin fin de festejos familiares propios de la época. En ningún caso el AAR deberá de renegar por su situación ni quienes le rodean deberán de compadecerse de él (ella). El aprender a sujetarse a un ciclo también es un ejercicio de disciplina, y la disciplina es el recurso indispensable para alcanzar las grandes alturas. En cambio, el cierre del año bien podría –y debería- servir de un gran efecto motivador para los AAR bajo preparación. Una adecuada reflexión personal sobre lo vivido en el año podría ser un fuerte aliciente para entregarse de manera cabal a la etapa del macrociclo en la que cada uno(a) se encuentre. Como todos los deportistas lo sabemos, las etapas de inicio de todo macrociclo son extenuantes y demandan gran esfuerzo psicológico para acondicionar al cuerpo. Pues bien, un fin de año puede promover la carga anímica y motivacional que todo deportista requiere para el esfuerzo.

Así pues, mis recomendaciones para todo AAR en este periodo de fin de año son cuatro: 1) siéntanse satisfechos(as) y privilegiados(as) por la oportunidad que tienen de seguir entrenando, 2) reflexionen en los logros que han cosechado durante el año, deportivos y no deportivos, y alimenten con ellos sus sentimientos de fortaleza individual, 3) háganse a la idea de que cada logro obtenido durante el año es una muestra de su potencial para lograr metas, y 4) analicen cada error cometido durante el año para que no lo repitan en el siguiente.
 
Si estas fechas no puedes comer todos los tamales que quisieras no te preocupes, vas a agradecer no haberlos comido cuando te estén colgando tu próxima medalla…  
 
 
¿Te gustaría evaluar en qué estado psicológico estás llegando a este fin de año y cómo puede éste incidir en tu preparación deportiva para el próximo? ¡Comunícate con nosotros!

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Autoevaluación para tenistas juveniles

FORMATO DE AUTOEVALUACIÓN PARA TENISTAS JUVENILES
Psic. José M. Sánchez Durón
DEPSIC PSICOLOGIA Y ALTO RENDIMIENTO


Vamos a revisar una serie de asuntos relacionados con el torneo en el que acabas de competir en esta semana. Por favor analiza cada una de las preguntas que te anoto a continuación y respóndelas de acuerdo a lo que tú consideras. Por favor responde honestamente.
1.- ¿Estuve motivada(o) antes de comenzar el torneo?
2.- ¿Estuve nerviosa(o) antes de comenzar el torneo? (Si así fue dime si estuviste MUY nerviosa(o), REGULAR, ó POCO)
3.- ¿Tuve alguna preocupación antes de comenzar el torneo?
4.- ¿Cuáles fueron los momentos en los que me sentí mejor durante todo el torneo? (¿Por qué?)
5.- ¿Cuáles fueron los momentos en los que me sentí peor durante el torneo? (Por qué)
6.- ¿Cómo sentí la confianza en mí misma(o) durante el torneo?
7.- ¿Cuál fue el momento más difícil durante el torneo y cómo me comporté?
8.- ¿Aprendí algo nuevo en esta competencia?
9.- Si volviera el tiempo atrás, y fueras a jugar nuevamente este torneo, ¿harías algo distinto de lo que hiciste? Si es así, ¿qué es lo que harías diferente?
10.- ¿Qué es lo que consideras que te hizo falta para obtener un mejor resultado?
11.- ¿Qué tanto terminaste satisfecha(o) de tu rendimiento en este torneo (MUCHO, POCO, NADA)?

¿Quieres saber más?
Escribe a info@psicologia-deporte.com

LA NUEVA CULTURA DEPORTIVA

¿LAS TENISTAS NECESITAMOS ESTAR PREPARADAS PSICOLÓGICAMENTE?
Psic. José Manuel Sánchez Durón
Depsic Psicología y Alto Rendimiento


Un día decidiste practicar el tenis, y sin duda fue una gran decisión. El tenis es un deporte estupendo que, además de ser divertido,  te ayudará a mantenerte saludable y a descubrir muchas cosas sobre ti misma. Incluso  muchas cosas sobre la vida.

Y actualmente ya te encuentras participando en torneos, lo que significa que ahora no solamente juegas por diversión o por mantenerte saludable sino que ahora también buscas aprender a competir. ¡Felicidades! El mundo del tenis DE COMPETENCIA es toda una experiencia llena de aprendizajes, de sueños y de un largo trabajo.
¿Recuerdas cómo te sentiste en tu primer torneo? Cuando participas por primera ocasión en un torneo pueden ocurrir  muchas cosas, como por ejemplo que te sientas contenta pero a la vez nerviosa, ansiosa, motivada, etc. Si te sentiste así en tu primer torneo te diré que todas las chicas sienten lo mismo en un grado o en otro. Algunas más motivadas, algunas más nerviosas, pero todas experimentan esas emociones.
Pues bien, ahora que te encuentras participando en torneos deberás de aprender que el tenis no solo se trata de sujetar la raqueta y de golpear la pelota. También necesitas aprender a entrenar “en forma” y a jugar “para ganar”. ¿Sabes qué significa esto?
Entrenar “en forma” significa entrenar con dedicación y tomar las cosas en serio. Por supuesto que esto no quiere decir que debas de ir a entrenar con una cara seria y de pocos amigos. Me refiero a entrenar dándole toda la importancia a los ejercicios, hacerlos bien e intentando mejorar cada día.
Una tenista “dedicada” es la que acude a todos sus entrenamientos (salvo que ocurra algún impedimento fuerte y justificado) y demuestra que quiere seguir aprendiendo y mejorando.

También dijimos más arriba que deberás aprender a jugar “para ganar”. Esto significa enfrentar a tus rivales con el propósito de superarlas. Y superarlas significa hacer lo posible por sumar más puntos, utilizando todas tus habilidades para lograrlo. Por supuesto que ninguna tenista podrá ganar todos los juegos de su vida. También Sharapova o Venus Williams pierden algunos juegos. Entonces es lógico pensar que tú también perderás juegos. Pero lo más interesante de este deporte es intentar perder menos juegos cada vez, conforme subas tu nivel. Si te esfuerzas por aprender cada vez más y ser más disciplinada en tu manera de entrenar, seguramente te darás cuenta en poco tiempo que comienzas a ganar más juegos que antes. ¡Te lo aseguro!
¿Te comparto un secreto? Nunca dejes de divertirte. Hay algunas jugadoras que se “meten tanto en la cabeza” el deseo de ganar que se olvidan que el tenis es un deporte muy divertido. Cuando eso pasa dejan de disfrutar y comienzan a sentirse mal. Tú que estás empezando a competir estás a tiempo de entender esto que te digo ahora. Compite para ganar pero sin dejar de disfrutar este deporte que tanto te gusta. Creo que cuando jugamos con gusto y alegres jugamos mejor, y eso nos ayuda mucho a lograr mejores resultados.
Pero también es cierto que no basta con divertirse. Para jugar cada vez mejor necesitas aprender a concentrarte, a ponerte objetivos, a desarrollar una disciplina, a confiar en ti misma, a controlar tu nerviosismo, a manejar bien los momentos difíciles de un juego,  y muchas otras cosas más. Te repito que el tenis no se trata solo de sujetar la raqueta y golpear la pelota, también es necesario desarrollar todas las habilidades que te acabo de decir. En otras palabras, también debes de prepararte psicológicamente para que tus habilidades técnicas y tus cualidades físicas (fuerza, velocidad, resistencia) puedan expresarse al máximo.
Estoy seguro de que con tu dedicación vas a lograr desarrollar todo esto que te he dicho aquí. Por supuesto que esto llevará su tiempo y te encontrarás con algunas dificultades en el camino. Pero recuerda que cuando agarraste por primera vez una raqueta también tuviste dificultades y fallabas muchas pelotas. ¡Y sin embargo lograste ir dominando esa raqueta gracias a que lo intentaste una y otra vez! Ese es el secreto. Intenta desarrollar todo lo que aquí te sugiero aunque sea un poco difícil al principio, pero hazte a la idea de que con el tiempo vas a lograr dominarlo. Algún día comprenderás que este es uno de los secretos para salir adelante en la vida…

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